Jose Luis Funes: “El daño al planeta también significa un daño a la humanidad”

Jose Luis Funes especialista en política ambiental nacional e internacional, y ex Director General de Vida Silvestre en la SEMARNAT

José Luis Funes es abogado ambientalista con Máster en Derecho Ambiental, especialista en política ambiental nacional e internacional, y fue Director General de Vida Silvestre en la SEMARNAT.

¿Qué es el COVID19?

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) el COVID-19 (acrónimo de Coronavirus Disease-2019) es la enfermedad emergente infecciosa causada por el nuevo coronavirus descubierto en China llamado SARS-CoV-2. El nombre se obtiene por parte de la Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS para no estigmatizar a un animal, una región o algún grupo étnico.

¿A que otros virus nos hemos enfrentado?

Desde hace miles de años, desde que el hombre ha convivido con otros seres vivos y ocurrieron los primeros procesos de domesticación (perros, vacas, cerdos, gallinas, ovejas, cabras), aparecieron las primeras enfermedades de origen zoonótico, es decir, transmitidas por los animales al hombre.

Desde esa época, el ser humano ha enfrentado un sinnúmero de enfermedades de origen zoonótico por virus, bacterias y diversos patógenos: desde el sarampión, la viruela, la gripe aviar hasta el ébola, entre múltiples enfermedades infeccionas de origen viral. En el caso de los coronavirus (una especie de virus), a partir de la epidemia que apareció en el sur de China en los años 2002-2003 (SARS) y en la península arábiga en 2012 (MERS) se puso especial atención, hasta llegar a esta nueva pandemia que provocó el COVID-19, siendo hasta ahora la epidemia más grande en la historia del mundo.

¿Qué pasará si seguimos explotando animales?

De acuerdo a los datos de Naciones Unidas y sus organismos especializados (OMS, OIE, FAO, PNUMA), con base en científicos e instituciones de investigación reconocidas, el 75% de las enfermedades infecciosas emergentes son transmitidas de animales (silvestres y domésticos) a los humanos.

Sin embargo, el problema no son los animales, es el ser humano al destruir los hábitats y ecosistemas donde viven estos animales de vida silvestre, para cambiar los usos de suelo (agricultura, ganadería, urbanización) o a través del proceso de comercialización (legal e ilegal) de estos animales silvestres a “mercados húmedos”, donde se mezclan con animales domésticos, en condiciones insalubres y sin considerar el bienestar animal, por lo que es la situación perfecta para que estos virus se transmitan a otros animales domésticos o al ser humano.

En México, ¿Que tráfico ilegal de especies hay?

México es un país con gran diversidad biológica, por lo que se encuentra dentro de los países megadiversos. Es por esa razón que existe un gran tráfico ilegal de vida silvestre, tanto de especies terrestres como marinas.
En México existe un gran tráfico de vida silvestre de fauna: psitácidos (loros, guacamayas, cotorros); arácnidos; tortugas dulceacuícolas; anfibios; así como partes y derivados de tortuga marina; pieles de jaguar y de puma; entre muchas otras especies. También existe un tráfico grande de flora: cactáceas endémicas de México; orquídeas y plantas medicinales y sagradas como el peyote; maderas preciosas como la caoba; entre otras. No hay que olvidar el tráfico de especies marinas, destacando las aletas de tiburón; los pepinos de mar; los buches (vejiga natatoria) de totoaba; los caballitos de mar; así como peces de ornato; la mayoría dirigidos a los mercados asiáticos.

A pesar de contar con un marco regulatorio que prohíbe este comercio ilegal (destacando el artículo 420 del Código Penal Federal); las autoridades competentes para llevar a cabo la inspección y vigilancia no tienen el presupuesto suficiente ni el personal para poder llevar a cabo sus funciones.

En México, ¿Que lugares se comparan a los “Mercados Húmedos” de Asia?

Desafortunadamente, en México contamos con varios “mercados húmedos” que comercializan especies de vida silvestre. El más importante es el Mercado de Sonora en la Ciudad de México, ciudad que también tiene al mercado de San Lázaro (especies acuáticas), Emiliano Carranza (reptiles) y el de San Juan Ernesto Pugibet (comida con animales exóticos).

Fuera de la CDMX también existen mercados de vida silvestre como el de Charco Cerrado en Guadalcázar, San Luis Potosí; o el de San Juan de Dios y El Baratillo, ambos en Guadalajara, Jalisco.

¿Los murciélagos ocasionaron esta pandemia?

No, los murciélagos no ocasionaron esta pandemia, fue el ser humano. Existen aproximadamente 1,400 especies de murciélagos en el mundo (sólo en México contamos con 140 especies), de las cuales, algunas tienen algunas cepas de virus, coronavirus, bacterias y otros patógenos, como la inmensa mayoría de especies aminales (incluido el ser humano).

Durante las investigaciones de la enfermedad SARS en 2003, varios científicos compararon la secuencia genómica de ese coronavirus con el del murciélago herradura chino, con el que tuvo un alto nivel de coincidencia. Por lo que lo han considerado como “posible” reservorio del coronavirus, y en esa época se consideró a la “civeta de las palmeras” como el posible animal transmisor, ya que éste lo crían por su piel y consumen su carne. Ahora, con el COVID-19, se investigó en primer lugar a esta especie de murciélagos, sin embargo, los últimos estudios científicos apuntan a la especie probable transmisora al pangolín malayo, por la coincidencia con este nuevo coronavirus.

Todavía no se ha comprobado fehacientemente la especie “reservoria” (origen), ni la trasmisora, aunque no existe ninguna duda de su origen zoonótico-natural (no fue creación de laboratorio).

Finalmente, no debemos olvidar que los murciélagos prestan servicios ambientales importantísimos: son polinizadores; controladores de plagas; dispersores de semillas para las selvas y bosques; entre otros.

¿Qué podemos hacer para prevenir la próxima pandemia?

En primer lugar, proteger, preservar y restaurar los ecosistemas más valiosos del planeta, donde existe una gran biodiversidad de especies de animales y plantas, donde habitan en un equilibrio entre estas especies y los patógenos que se encuentran presentes, es decir, mantener el “efecto de dilución”, cuando un ecosistema está intacto y sin perturbar, por lo que los patógenos (virus, bacterias) se encuentran “diluidos” por la gran diversidad de especies.

En segundo lugar, cerrar definitivamente los mercados de vida silvestre (mercados húmedos), así como combatir en forma más efectiva el comercio ilegal de vida silvestre. No debemos olvidar que el objetivo de la política nacional de vida silvestre es la conservación de la misma y de su hábitat, y para lograrlo se llevarán acciones de protección (para las especies más amenazadas) y su uso sustentable (cuando no represente un peligro para las poblaciones silvestres). Este uso sustentable sólo debe ser permitido para las comunidades locales y pueblos originarios, siempre y cuando no pongan en peligro de extinción a las poblaciones o por riesgos sanitarios.

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