El impacto medioambiental de la acuicultura

La sobrepesca se ha convertido en una catástrofe.

Las grandes industrias pesqueras utilizan maquinaria comercial de gran tamaño para la pesca de arrastre, arrasando el lecho marino y provocando que millones de animales, incluyendo ballenas, delfines y tortugas, queden atrapados y mueran en las redes. Esto se conoce como «captura accidental» y es la razón por la que especies como el delfín de Maui y la ballena franca del Atlántico Norte se encuentran al borde de la extinción.

Estas agresivas prácticas pesqueras están acabando con la vida de nuestros océanos a un ritmo alarmante. Un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) de 2016 reveló que alrededor del 90 por ciento de las poblaciones de peces del mundo están ya totalmente explotadas o sobreexplotadas y, según un estudio realizado en 2017 por la revista Science, el pescado y el marisco podrían desaparecer por completo en 2048.

Ahora que la pesca comercial ha acabado casi por completo con los peces salvajes de nuestros océanos, la industria pesquera ha optado por criar peces en piscifactorías industriales confinadas, un proceso conocido como acuicultura. En estas piscifactorías se crían millones de peces en jaulas situadas cerca de las costas.

El confinamiento de grandes cantidades de peces en zonas pequeñas conlleva una serie de peligros para el medio ambiente y la salud.

En primer lugar, la contaminación fecal. La enorme cantidad de excrementos producidos por los peces en estas piscifactorías altera el equilibrio natural del ecosistema acuático y, en algunos casos, se depositan debajo de las jaulas de los peces, provocando que el fondo marino se pudra.

En segundo lugar, las enfermedades. Al estar confinados en estos espacios, los peces son propensos a las enfermedades. En Escocia, por ejemplo, los piojos infestan casi la mitad de los salmones atrapados en estas prisiones marinas. Para intentar controlar (sin éxito) la propagación de enfermedades infecciosas, cada vez se utilizan más productos químicos y antibióticos en las piscifactorías. Los cadáveres de peces muertos y los alimentos para peces, cargados de antibióticos, que no se han llegado a consumir, además de constituir una grave amenaza para la salud humana, contaminan las zonas costeras que rodean a estas piscifactorías.

La cría de gambas, por ejemplo, además de ser un foco de mano de obra esclava, ha provocado la pérdida de unos 3 millones de hectáreas de importantes humedales costeros, incluyendo manglares. Por otro lado, el santuario de Kolleru, en la India, uno de los lagos de agua dulce más grandes de Asia, que abastece de agua potable a varias aldeas insulares, ha sido contaminado con pesticidas y productos químicos debido a la cría de gambas a gran escala para la exportación.

Lo irónico es que, si bien la acuicultura se concibió para combatir el problema de la sobrepesca, en realidad contribuye a agravarlo. Y es que a estos peces capturados y encarcelados en las piscifactorías se les alimenta con sus compañeros, primos y otros parientes capturados en la naturaleza. Es un círculo vicioso completamente insostenible.

Entonces, ¿qué podemos hacer?

La mejor manera de detener la devastación ambiental causada por la acuicultura es dejar de comer pescado y otros animales marinos.

Pero no te preocupes, porque puedes disfrutar del pescado y el marisco al estilo vegano.

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Traducción de Inglés realizada por Ibidem Group 

Katrina Fox es periodista y asesora de relaciones públicas. Ha escrito para una amplia gama de medios en papel y digitales en el Reino Unido, Estados Unidos y Australia. Vegana desde hace 21 años, es la fundadora de VeganBusinessMedia.com, que proporciona recursos, asesoramiento y formación para empresarios, autores y creativos veganos. Originaria del Reino Unido, Katrina tiene su sede en Sídney y es la directora de la campaña de Million Dollar Vegan en Australia.

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